Ni tú eres Rachel ni él es Rose

Si buscásemos en Internet cuántos blogs se han escrito sobre lo gilipollas que puede ser un hombre, nos asustaríamos. Mujeres que hacen budú con la fotografía de su ex pareja y siempre, siempre, rasgada por la mitad. Mujeres que se sienten humilladas, que odian al sexo opuesto pero que sin sexo no pueden vivir. Mujeres que hasta cometen la locura de jurar y perjurar que jamás volverán a acostarse con un hombre como quien jura después de una terrible resaca que nunca más beberá. Sí, los papeles están cambiando. Las mujeres ahora somos modernas, autosuficientes, sensatas. Pero no sé hasta qué punto, en términos de relaciones personales, podemos vender tal moto. Siempre entendí que en el momento en el que las piernas empiecen a temblar con un simple susurro, nos temblará también la razón. Y con la razón se  nos va todo lo sensato que hayamos podido adquirir con el paso de las experiencias.

Jules et Jim

Jules et Jim

A menudo frivolizamos las aficiones masculinas. Ya sabéis; la Play, el fútbol, las cañas con los colegas… Parece que un hombre no lee, no escribe, no tiene inquietudes. Parece que las mujeres no se van de cañas, no juegan a la Play. Lo cierto es que con tanto cambio de rol una se hace un lío. Han cambiado tanto las cosas, al menos en la superficie, que ya no sé si me tengo que poner calzoncillos o bragas. Pero, ¿no hay algo más? No quiero pecar de ingenua por pensar que un hombre es algo más. ¡Qué coño! Mucho más. A las señoritas les diré que un hombre puede estar confuso, a su manera, puede tener dudas y no podemos indignarnos si quiere suplir todo esto con sexo. ¿Quién no quiere un hombre que quiera sexo con ella a todas horas? ¿No es ese el fin de toda comedia romántica norteamericana? Porque si no es así, siento que he perdido la gran parte de mi adolescencia. Debemos de admitir que los hombres son más complejos. La simpleza, la grosería, y los tópicos sobre ellos, fueron inventados por una mujer que no quería comerse mucho el tarro, que quería las cosas fáciles y no complicarse. Una mujer quería esto, paradójico ¿eh?  Un hombre tiene que hacer grandes esfuerzos por comprendernos y ser dotado de una paciencia interminable cuando ahora que ya nos comprende, de repente, cambiamos de parecer y de sentir. Tenemos cinco segundos de calma al día para volver al ataque cada dos minutos. Aunque para ellos la depresión haya sido inventada por Carrie Bradshaw y suelan odiar a Mr. Big, también pueden padecer de ésta. De depresión, de dudas y de confusiones. Envalentono mi sexo para decir que son el ser marginado de la relación. Y yo, que no nací ilusa pero me he convertido en una, quiero pensar que muy adentro de ellos hay como una especie de cajita pequeña del tesoro. Y no me refiero a su pene, que espero (amos) que no sea pequeño.  Una cajita llena de secretos de Pandora. Una cajita que jamás será abierta si hemos visto cien películas románticas con la intención de vivir algún día una historia Titanic- esca. Nos vendemos como seres sensatos pero queremos que un hombre  se de cuenta de que nos ama cuando han pasado años y ya estamos casadas, con hijos y un perro al que le hemos llamado Toby. La custodia compartida (del perro) es muy difícil de conseguir. Queremos que llegue el hombre de nuestros sueños mientras estamos en el aeropuerto, a punto de embarcar, y llega él, corriendo con un ramo precioso de rosas rojas diciéndonos que nos ama. La vida no es una historia de Friends.

Que no, que no podemos esperar cosas fantásticas que realmente no queremos. Ni culpar a las películas por nuestras altas e inútiles expectativas, -ellas por el hombre ideal, ellos por el porno. Siempre dije que toda esa mierda terminaría en la clásica españolada.

A mi que los hombres me parecen adorables, sencillamente adorables. Con sus manos en el sitio correcto, su verborrea bien utilizada, hasta sus mentiras innecesarias me parecen adorables. Me parece adorable que te engatusen, que intenten engatusarte. Me parece adorable que sólo quieran de ti sexo, que te hablen con ese único propósito y una vez que lo consiguen, te borren de su mente. Me parecen adorables con sus meteduras de pata y también con sus simplezas y la inteligencia bien puesta, ajustada. Me parecen jodidamente adorables sus miradas, las que te desnudan el alma y te mojan…el corazón.
Simplemente, con todo, me parecen adorables porque a veces pueden asustarte, sorprenderte. A veces pueden hacer posible un cambio de sentido, de destino. Me parecen terriblemente adorables hasta cuando no me parecen adorables. Me parecen adorables menos cuando respiran.

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