Menciñeiro más jersey de KISS igual a historia de amor

 Era un día cualquiera del mes de diciembre. No hacía mucho frío y yo salía con mis amigas. Bebimos lo de siempre en donde siempre en las cantidades de siempre: vino Menciñeiro. La historia de este vino prometo contarla un día, no tiene desperdicio. Llevaba mi jersey de KISS y terminamos en un garito al que siempre vamos. Garito que siempre cerramos, que para eso están. Los garitos están hechos para ser cerrados, para fumar en la puerta mientras la gente sale y para que seamos graciosos.

La vida a veces nos vuelve personas herméticas y desconfiadas. Algunas veces nos hieren las entrañas de tal manera que no volvemos a ser las mismas personas que éramos antes de los rasguños y las picaduras. Pero en medio de tanto daño, de tantos sollozos y de tanta parálisis cerebral, aparece alguien que nos rompe los esquemas y hace que tengamos que replantearnos nuestra situación.

Ahí estaba yo, pidiendo una cerveza en aquel garito ajena a todo lo que pasaba. A veces nos pillan con la guardia baja y sólo se necesita una pregunta con trampa como la de ¿te gusta KISS? y cerrar otro garito más para vivir una historia de chica conoce a chico. Resulta que terminé viviendo una de las historias más especiales que recuerdo. Mi historia duró una semana y no he vuelto a saber nada de aquel hombre (nada que valga la pena recordar) pero fue la historia más intensa que recuerdo desde hace algunos años. E intensa no quiere decir mejor, sólo quiere decir eso, intensa. Conocí a un hombre que hizo que me viese en la necesidad de reestructurar mis pensamientos consiguiendo que estuviese dispuesta a salir del recoveco en el que me había instalado. Lo cierto es que me había quedado muy hogareño; le había puesto cortinas para que no pudiesen ver los mirones y podía disponer de buena discografía y lectura. Todo un lujo. Salí del caparazón durante una semana pero aún estaba estirando los brazos cuando tuve que volver a encogerme. Algunos se preguntarán cómo una persona con un caparazón tan bonito pudo salir de él a la mínima de cambio. Y, además, por un hombre que había conocido en un pub después de algunas copas de vino Menciñeiro. Bueno, me dio la gana. A veces las cosas tienen que ser simples.

Las personas estamos capacitadas para poder alterar la vida del otro, poder cambiarla y sabotearla al antojo que se quiera y uno mismo no puede hacer nada para evitarlo. Mi chico Menciñeiro (vamos a llamarle así) tiró el anzuelo sobre mi vida. Tuvo el poder de sabotearla y alterarla a su antojo durante siete días y unas cuantas horas más. Atisbo que yo no le di ese poder, simplemente él lo poseía,  lo usó y lo hizo muy bien. Pero las historias tienen un final y no importa cuándo llegue.

Imagino que lo importante es estar dispuesto a salir de ese caparazón que nos labramos a lo largo de la vida. Tener la capacidad de querer elegir y ser conscientes de que algún día tenemos que salir, aunque sea simplemente para asomar la cabecita y volver adentro, a nuestro sillón para retomar la lectura. De mi antiguo ligue, de los mejores, aprendí dos cosas: con un jersey de KISS se puede ligar y que si sales del escondite, las vistas pueden ser maravillosas. Aunque sólo se puedan contemplar unos segundos.

La dolce vita. Fellini.

La dolce vita. Fellini.

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