La Pollicienta

 La verdad es que no creo en dioses que nos vayan a salvar ni en biblias en las protegerse. Más bien creo en el amor y en una buena cerveza que nos cure la resaca; el amor siempre nos deja bien tocados. Imagino. Que a mi no me ha besado ningún caballo. Soy de esas personas a las que les cuesta empezar una serie nueva y siempre recurre a sus viejos recuerdos. No quiere decir esto que sólo vea las series de siempre una y otra vez, quiere decir que, a pesar de las series nuevas que puedo comenzar (aunque me cueste), veo repetidamente mis series de toda la vida.

Estoy poniendo en práctica una nueva teoría: la de creer en las personas según lo que ven, leen y escuchan. Últimamente me encuentro bastante escéptica a la hora de creer dejándome guiar por lo que hacemos y/o decimos. Más que nada porque me crea severos dilemas. Hace una cosa pero dice otra, dice una cosa pero hace todo lo contrario. Ya saben, la historia de siempre. Y como me hallo en un estado en el que las complicaciones son absurdas, pues nada, creo en las personas según sus intereses. Y sí, creo que la basura de una casa puede decir mucho.  Ya ven, cada loco con su tema. Aunque esto no tiene nada que ver con lo que les voy a contar.

Sex and the City. Quinta temporada.

Sex and the City. Quinta temporada.

Probablemente desde los doce años mantengo una relación poco sana con los personajes de Sexo en Nueva York. Y ahora es cuando confieso ser una gran seguidora de esta serie. Y seguidora no es lo mismo que fan. Sí, pueden enseñarme una foto de un capítulo de Sex and the City que adivinaré qué capitulo es, de qué temporada y, posiblemente, el título del jodido capítulo de mierda. Pero, si cada uno es lo que ve, lee y escucha y sólo supieran que he visto millones de veces la serie desde el capítulo piloto al capítulo final, ¿qué pensarían de mi? Seguramente que soy una lunática, bastante inculta y que creo en todas esas mariconadas que Carrie Bradshaw escribía en su portátil. Probablemente sea todas esas cosas o, al menos, lo haya sido alguna vez en mi vida durante mucho tiempo. Vaya uno a saber qué cosas sigo siendo y cuáles no. Ese es otro capítulo sin importancia.

Siempre he dicho que a mi no me hizo daño La Cenicienta, a mi lo que me hizo daño fue La Pollicienta (los seguidores de esta serie lo entenderán). Imagínense a una niña de doce años escuchando por primera vez la palabra mamada o teorizando en sus primeros escritos sobre las almas gemelas al mismo tiempo que Carrie. Adjuntaría archivos para que viesen que no miento pero se los regalé a un novio porque estaba muy orgullosa de no creer en las almas gemelas con tan sólo doce años y no los he vuelto a ver. ¡Caprichoso amor y sus locuras! ¿Cómo no me iba a hacer daño cada capítulo que veía? Hasta hace poco siempre envidié a Carrie. Carrie Bradshaw, la mujer deseada sin querer (queriéndolo), la ¿periodista? que vivía numerosas aventuras y volvía locos a los hombres (literalmente). Bueno, aquí nos parecemos. Una vez hace muchas mamadas tuve un novio que se volvió un poco loco. Ya les contaré. Carrie era perfección imperfecta, era zapatos (caros) por todas partes, era feminidad pura e intocable. Bien, terminé cansada de la estupidez de Carrie Bradshaw y terminé agotada de ese pudor que siempre mostró a la hora de hablar sobre sus experiencias sexuales. Les sitúo: final de la cuarta temporada. Llega el otoño y con ello una despedida decente a Mr. Big. Paseo en carruaje y demás cursiladas neoyorquinas porque el muy cabrón se va a Napa a emborracharse con el vino de su propio viñedo. Oigan, la gente siempre se va, ya lo saben. La gran pregunta de este capítulo es si Carrie debería tener sexo o no con John. Samantha (siempre perfecta queriéndolo) deja claro que el sexo con un ex es deprimente pues si es bueno, te preguntas porqué se acabó y si es malo te preguntas porqué repetiste. Carrie le da un sorbo a su batido y entre dientes dice que no sería malo… o eso cree. Algunas estarán aplaudiendo con las orejas pensando me acuerdo, me acuerdo. Y a mi, ahora, sólo me entran ganas de zarandearla y preguntarle porqué demonios le cuesta tanto decir que Mr. Big era bueno en la cama y que tenía un buen pene. No sé, cada uno es como es. Sí, será eso.

Y es que tras muchos años viendo esta serie, nueve concretamente, me he hastiado de la perfección superficial de Carrie, como bien decía antes. Me he empezado a fijar en los demás personajes y he encontrado un despliegue de personalidades cada cual más interesante. Lo cierto es que con doce años, creo que por razones obvias, Carrie es la favorita. Samantha es una zorra, Miranda es poco femenina y Charlotte es muy… muy mojigata. Claro que pasan los años y te das cuenta de que en verdad quieres tener la personalidad de Miranda y la belleza de Charlotte. Quieres follar como Samantha y de Carrie sólo quieres los zapatos. Pasan otros cuantos años más y caes en la cuenta de que ni las unas ni las otras. Quieres tener tu propia visión sobre el sexo y sobre la vida. Quieres follarte a un ex si te da la gana y quieres dejar de ver la vida como un puto manual psico-sexual-pedagógico-amoroso. Sí, he pasado por muchas fases con esta serie, ya les dije que eran muchos años. Quieres tener tu propio entendimiento sobre las situaciones y las personas porque te das cuenta de que los arquetipos pueden joder seriamente tus relaciones personales, ya sean de pareja como de amistad. Que la vida es una, coño. Y hay que disfrutarla.

Sex and the City. Quinta temporada.

Sex and the City. Quinta temporada.

Pero, qué demonios, claro que le tengo cariño a esta serie. Me ha entretenido enormemente dejándome imaginar cuáles de mis ligues serían Mr. Big, Aidan, Berger o El Ruso. He querido que todos fuesen Mr. Big, también por razones obvias. Les he buscado parecidos e incluso capítulos de mi vida los he asociado a escenas de Sex and the City. He vivido muchos momentos made in joder, como en un capítulo de Sexo en Nueva York. La vida es un poquito más picante si tienes parecidos ficticios con los que desmarcarte. Al final, como con Carrie, desistí de tener a un Mr. Big en mi vida. Reconozco que tuve un ligue que se pareció mucho a él, pero han pasado unos años y ni me ha venido a buscar  ni, muchos menos, ha intentado abofetear a quien sea que estuviese conmigo. Supongo que al final mi supuesto Mr.Big se quedó en un Aleksandr Petrovsky.

La vida son etapas y lo que querías ayer no tienes porqué quererlo mañana. La vida es aprendizaje lento a base de experiencias y tan sencilla como querer ver un vídeo pornográfico un tanto bizarro porque no sabes si te gustará. Quieres saberlo. La vida es probar y experimentar a base de buenas hostias. Yo qué sé.

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