Ver unicornios por la ventana no nos hace ser especiales

Tenemos que ser especiales. Tenemos que tener un algo, un no se qué, ese “aquel” (como decimos por Galicia). Tenemos que ser maravillosa y morbosamente únicos, peculiares y excitantes.

Pues, perdonen que les diga, eso es una gilipollez.

VERTIGO

Es una gilipollez pensar que tenemos que serlo, es una gilipollez pensar que lo somos y es más absurdo todavía pretender serlo. De hecho, cuanto antes asumamos que somos seres corrientes y normales, menos agotador nos resultará el día. Y quien dice el día, dice la vida. Nos puede el egocentrismo. Bueno, el egocentrismo y la ignorancia. Porque ya hay que ser ignorantes para pensar que nuestros gustos son exclusivos. No, si ya tenía razón Enric González cuando decía que el gran fracaso de la Transición ha sido la educación.

No se trata de que nosotros tengamos algo especial, más bien pienso que es nuestro entorno el que valora si tenemos algo peculiar. Podemos ser especiales para alguien por muchos motivos, el más común es por el hecho de poseer unos valores de admirar para esa persona. En verdad el más común es el de tener un buen par de tetas o un buen pene, pero ya que nos ponemos serios, vamos a omitir esa característica. Cada vez que pienso que hay gente que se considera especial por ser de una determinada forma o por tener unos gustos poco comunes me entra sarpullido, en verano jode más que nunca. Bien, a las cosas por su nombre. Que nos gusten cosas que se salen un poco de la regla general no nos hace especiales. Nos hace seres curiosos y con gusto y opinión propios. Nada más. Ver a través de nuestra ventana unicornios azules volando no nos hace ser especiales. Nos hace ser raros de cojones, ¿será entonces que nos habremos pasado con los tripis? Será, será.

Decía antes que era nuestro entorno el que valoraba eso pero no es que dependamos de una sociedad para determinar nuestra forma de ser pues soy creyente efervescente de la autodeterminación y de la conciencia autocrítica. Lo que quiero decir con esto es que puede que mis neuras resulten atractivas y especiales para alguien pero no para todos los penes y vaginas de este mundo.

MELANCHOLIA
Lloro cada vez que veo en la televisión a alguien llorar; de pequeña me daba miedo nadar sola porque la inmensidad del mar me asustaba (y aún sigue asustándome); disfruto cada vez que, por casualidades, me despierto a las seis de la mañana y veo que aún me queda tiempo para tener sueños eróticos y húmedos (es mentira porque suelo tener sueños horrorosos, creo que les llaman pesadillas); me gustan las películas que tienen un final poco común o lo que es lo mismo, un final no feliz. ¿Soy especial por estas características? ¿No sería tremendamente egocéntrico por mi parte asumir una respuesta afirmativa? Apostaría toda mi ropa interior a que hay millones de personas que sienten y viven la vida de la misma manera que yo.

No es importante vivir la vida de una manera determinada o intentar vivirla como se supone que no tenemos que vivirla. No es importante hacer todo lo posible por desmarcarnos de las reglas estipuladas de manera premeditada. No importa si nos parecemos a trescientas personas o a setenta pues los gustos pueden ser peculiares pero no tiene porqué serlo la forma de entender la vida o viceversa. Lo único que debería importarnos es ser honestos con nuestra verdad y en esto sí que tiene que dar igual el número de personas que quieran aceptarla.

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