Regresaremos porque nunca nos hemos ido

Tú, que me conoces… sabes que no soy capaz de articular las palabras en el momento preciso. Sí, balbuceo tonterías y ninguna con destino marcado. Perdóname. Perdóname por las heridas y por la desconfianza. Perdóname cuando no puedas, ni quieras, ni sientas que debes hacerlo. Perdóname porque es algo que tendrás que hacer a menudo. Sí, ya te habrás dado cuenta de que soy esa clase de personas que se equivocan constantemente. Por ingenuidad, no vayas a pensar. Serán los errores del pasado, los dolores olvidados ya, que dejan una especie de marca. Será que no eres el único ser dolido, marcado, desconfiado. Será que cada vez que estoy delante de tus miedos pierdo la compostura.

Perdóname si alguna vez llego a quererte sin que lo sepas, ni lo intuyas, ni lo predigas. Perdóname si algún día llego a echarte de menos sin ser capaz de ponerlo en práctica. Perdóname si no soy capaz de encontrarnos un final digno pues ninguno me parece adecuado. No hay final digno, ninguno estará jamás a la altura de lo que fuimos y somos. Perdóname si te hacen daño mis palabras. Perdóname si soy egoísta. Creo haberte dicho algún día que poco me importa a quién conozcas. Sólo quiero que pienses que ninguna es como yo. Las habrá mejores, te lo puedo asegurar. Las habrá que pocos errores cometan. Seguramente tendrás en tu cama a ese tipo de mujeres con lencería perfecta y radiantes hasta en días de resaca. Tengo que confesarte que lo más posible es que aparezcan personas maravillosas en nuestras vidas. Nos cruzaremos con ellas y yo, ingenua de mí (sabes que siempre lo seré un poco), pienso que ninguna será como tú. Aciertas caricias, momentos y palabras. Perdona mis fracasos, perdona si no soy lo que esperabas. ¿Es mucho pedir? Perdona si te he decepcionado en algún momento por no estar a la altura de las cosas maravillosas que se nos han cruzado.

The Dreamers

Perdóname si fui incrédula y dudé siempre de segundas oportunidades. Me equivoqué. Una vez más. Perdóname si a veces resulto difícil de comprender. Si a veces te resulta arduo adivinar mis pasos. Los doy en silencio, lo sé. Será que no quiero despertarte. Será que no quiero que dejes de abrazarme. ¿Sabes? Resulta muy curioso esto de los abrazos. Algunos abrazos consiguen frenar los miedos. ¿No te resulta extraño? A mí sí. Pero, sobre todo, perdóname si no creo en las despedidas. No en las nuestras. Lo siento, de veras lo siento, pero jamás me marché. Di un par de vueltas, pero un trocito, el que conseguí que se quedase conmigo, seguía en una historia difícil de entender incluso para nosotros. Perdóname si siento que  tú tampoco conseguiste marcharte. Entonces, explícame, ¿por qué no pensar que esta vez será igual? Dime.

Perdóname si pienso que tenemos canciones y momentos. Antes de que se me olvide, perdóname si alguna vez me escuchas decir que Bob Dylan tiene una buena canción, una que me gusta de veras. Perdona si esa canción me la enseñaste tú. Oh, vaya, la he escuchado más de una vez. Perdóname si pienso que incluso tenemos chistes propios y situaciones que sólo podemos entender nosotros. Ya no sé cómo hacerlo, así que perdóname si me desnudo demasiado pronto. O, simplemente, perdóname si me quito algún que otro miedo así a la ligera. Perdona si dejo la ropa interior olvidada. Aunque bien sabes tú que nunca me costó mucho quitármela. No contigo. Perdona si pasan los meses y sigo pensado exactamente igual. Perdona si, con todos los meses que han pasado, no he dejado de pensarte. No huyas corriendo, no ahora.

Hendrix

Lo cierto es que debería retractarme, todo ha cambiado. Perdona si me quedo en silencio en alguna habitación, sea cual sea, observando vete tú a saber el qué. Pienso. Y pienso que no somos los mismos. Mis miedos no se van, no vayas a pensar. Siguen tan activos como el primer día. Bien sé que los tuyos también. ¿Y qué? ¿Qué nos importa? Perdona si te abrumo en algunas ocasiones, perdona si necesito sentir que sigues ahí. Perdona si aprendí de errores pasados. Joder, perdona mis putas manías y canalladas. Perdóname, perdona si no me enamoro. Perdona mis besos, mis caricias (incluso las sexuales) y mis deseos. Pero no los olvides. No lo olvides, vuelve y sigue recorriendo mis miedos y la ausencia de ellos siempre que quieras, puedas y seas capaz. ¿Lo vas a hacer? Hazlo.

Eva Green

Y ahora es tiempo de que cada cual regrese a su vida.  Y de algún modo extraño (todavía no tengo la habilidad para explicarlo y temo no tenerla jamás) siento que no importa. Si antes no llegamos a abandonarnos, no lo haremos ahora. No seríamos capaces, creo que todavía no conocemos cómo se hace. Puede que algún día averigüemos la manera y ya será hora de decir adiós.

Andrés Calamaro se preguntaba si habíamos sentido alguna vez a los asuntos pendientes volver. Incluso decía que las cosas que terminan, siempre terminan mal.

No terminemos.

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3 pensamientos en “Regresaremos porque nunca nos hemos ido

  1. Debo admitir que llegue a tus letras por error, esos errores que agradeces, te seré sincera que tarde unos minutos para decidirme a leerlo completo, pero una vez que empece no pude parar, sabes fue como el buen sexo. Se me ah derramado una que otra lagrima en algún punto de tu texto. Sigue escribiendo, te seguiré leyendo.

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