Debí prometerte aunque no prometa

Vacía.

Rrequiem

Me dejas vacía y sin cartas a cada paso que das en la distancia. Podría haberte querido mucho más tiempo del que me permitiste. Podría, incluso, haberte querido. Podría haber posado mis manos en tus mejillas para prometerte seguridad. Pero no. ¿Y sabes por qué? Porque no prometo. Nunca. Nada.

Me cansé de cantautores mal hechos y a medio camino, me cansé de las cremalleras fáciles de subir. Me cansé. Ya no salgo. Ya no como, ni bebo, ni fumo.  No puedo respirar. Creo que me voy a quedar sin cemento de tanto muro que construyo.

Mis muros son débiles. Mis muros tienen grietas y se hacen cada vez más grandes. Las veo e, incluso, puedo tocarlas. Me dicen que cuando menos me lo espere todas mis barreras caerán. Caerán por el peso de las decepciones, de las promesas rotas, del quiero y no puedo y del puedo pero no quise. 

¿Qué voy a hacer cuando mis muros caigan? ¿Cómo me protegeré del dolor que me provocan los volveré algún día para trazar aire? No quiero hablarte de la frialdad, del estar al lado de una persona y no sentir nada. De esa distancia que puede haber entre dos personas aún estando a escasos centímetros la una de la otra. No quiero porque eso, amigo mío, sí que da miedo.

Te dejo marchar como dejo marchar a otras muchas personas porque las cosas reales, esas que puedes tocar y sentir, asustan. Dejo que te vayas poco a poco porque los regresos siempre vienen cargados de épica y poesía. Y, mira, esto sí que es gracioso. No me gusta mucho la poesía. En la poesía no suelen hablar de penes y de vaginas. Me cuesta entender porqué no hablar claramente.

Será que necesito amar con la intensidad de los amantes. Será que prefiero el sexo a decirte al oído lo locamente encandilada que me tienes.

De ese sexo que hace que te duela la cabeza, de sentirte seca y sudada. De no encontrar ni siquiera las sábanas. De no saber si estás en el cabezal o de lado o en otra habitación. De tener marcas en la espalda y de no tener tiempo ni para bajar las persianas o apagar la luz. De sexo a la luz del día, con los defectos y las heridas. Así te quiero. En mi vida.

Requiem

Pero sé que te irás. Llega el otoño y caen las hojas y tú te irás a un hogar más dulce. A un hogar que te hable de amor, a un hogar sencillo y confortable. Te irás a un hogar en donde tú reines. Y tendrás un trono, serás feliz y te sentirás cómodo entre tanta simpleza. No te culpo. Las personas se van. Y cuando no les prometes nada, más rápido se marchan.

Pero yo te quiero. Aquí. Ahora. En la oscuridad me pregunto si alguna vez llegaste a estar o fueron mis ganas que se confundieron con tus bueno, ya que estamos aquí. Me duele no poder seguir creyéndote. ¿Dónde están tus palabras? ¿También te las llevaste?

Me duele saber que si no te vas tú, me iré yo. Te debía sinceridad. Pero no voy a decir un lo siento. No vas a volver.

Sólo quería que me follases.

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