Mi apuesta, mi fracaso, mi decepción

Cuando encuentras a una persona que mira la vida a través del mismo telescopio que tú, que siente con la misma intensidad. Cuando discrepa contigo pero te entiende (fuera y dentro de la cama), cuando te añora si no te tiene y te desea cuando estás a su lado, lo único que puedes hacer es…lanzarte. 
Lanzarnos a veces nos da miedo. Nos reconcome por dentro, nos penetra los huesos y nos nubla las ideas. Pero cuando una persona logra marcarnos más que el “crack del 29” o que esta crisis 2011, 2012, 2013… debemos lanzarnos. Debemos tirar la ropa en el suelo, las dudas y los miedos en la cama y las inseguridades por el desagüe. A veces los miedos y los traumas del pasado, las malas experiencias, el dolor incurable, tienen que dejar sitio para que el corazón pueda darse la vuelta. Pueda volcar de sentido y revolcarse en revoluciones.
Lo cierto es que cuando encontramos a una persona que mire la vida pasar con la pasión que siempre anhelamos, lo único que podemos hacer es revolcarnos en un vaivén de caricias, de placer, de sentidos. Coño, en un vaivén de putas utopías soñadoras. El escudo algún día tiene que romper. Algún día.

Acércate despacio y cuéntame aquella historia que ninguna mujer llegó a conocer.

Dibújale tesoros a las palmas de mis manos y ábreme las piernas. Quédate un rato. Y cuando te marches, no te vayas muy lejos. No vaya a ser que quiera buscarte y no te encuentre. Que la distancia la mido en polvos y no en kilómetros.

Fuiste mi mayor apuesta en tiempos de crisis pese a las advertencias de que la bolsa no estaba para grandes apuestas. Ya sabes, siempre existen los partidarios que piensan que es necesario arriesgarse y los que dicen que mejor esperes a que cese la tormenta. Que si pierdo mi apuesta la tormenta será peor y cada vez se hará más grande. No importó. Yo aposté. Porque la vida está hecha para que los idiotas apostemos en la bolsa sin tener ni puta idea. La vida está hecha para los soñadores.

Las apuestas a veces no salen bien. Quiero decir, o te haces millonario o no. No hay medias tintas. Y las historias no tienen final feliz al no ser que seas una historia romántica americana. Ni soy americana ni soy historia.

Motley Crue

Que nunca creí en esos manuales de supervivencia que dicen cómo debes de sentirte o cómo debes de tomar las riendas de tu vida. Ya sabes a qué me refiero. Es normal que te sientas así, aparecerá alguien mejor. Los amigos son el reflejo de uno mismo. Sueña, vive. Todo es posible… El único manual en el que creo es en el mío propio y lo he perdido. Quiero decir, estará entre La Cenicienta y Crítica de la razón pura de Kant pero ahora mismo no recuerdo bien dónde puede estar. Sé que dice cosas más absurdas que cualquier manual. Pero es mi manual.  Tampoco creo en el no, no fuiste tú el culpable de todo. A veces sólo hay un culpable y no es necesario buscar a dos para ir a la guillotina. Que las frases de filósofos no sirven de nada. Que tampoco las de Woody Allen. No creo yo que follase tanto. Quiero decir, Tommy Lee fijo que ha follado más que él y no dice tantas estupideces. ¿Por qué debería de creerle? Que yo, si tengo que creer en algo, prefiero creer en la cerveza. Como Homer.  Y las mujeres misteriosas y problemáticas sólo son eso. Problemas. Y no hay nada de sexy en los problemas. Que ya sabes que dejo las cosas para el último momento hasta que el agua me ahoga y soy tan voluble que he llegado a no quererte. Que esta vez las caricias supieron mejor. Sabían a valentía. A caballeros nobles. ¿Y para qué?

Que ni tú eres Carlos Salem ni yo ninguna de sus protagonistas y que pensar que podías llegar a querer mis miedos y mis locuras era tan absurdo como apostar en medio de una gran tormenta. Y así somos. Absurdos. Absurdos e ingenuos. Pensar que tú y yo podíamos hacer las cosas bien. Yo.

Woody Allen

Olvidaré tus caricias y las reemplazaré por heridas no cicatrizadas. Olvidaré las bromas y las quejas. Que no quiero amor sin sexo. Ni tú.

Olvidaré las cervezas, las copas y los cigarros. Olvidaré los enfados que se arreglaban con un simple beso. Olvidaré los celos. Olvidaré incluso los errores. No miraré hacia atrás. Es curioso como me puedo llegar a encoger imaginándome historias. Que me seguiré aferrando a a las personas para que no se marchen aunque parezca todo lo contrario y aunque no hagan otra cosa que marcharse. Nadie quiere estar bajo una gran tormenta. Olvidaré aquella noche.

Olvidaré que eras un ser marcado y herido. Desconfiado, reflexivo, pasional. Olvidaré que juntos podríamos haber sido una gran historia.

Que si es para marcharte, mejor ni vuelvas. Que esta vez me voy yo. Que no vuelvas a aparecer, por favor, porque me iré corriendo. Lejos. Más de lo que estamos ahora. Que te pedí que te quedaras. Que no hago otra cosa. Que no creo en otra cosa. A mi manera, de la única que sé. De la peor.

Que has sido mi gran apuesta. ¿Y para qué? Que no somos almas rotas, somos dos gilipollas. 

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