Mi pequeña y desastrosa felicidad

Así, porque me da la gana. Porque no vean qué bien le sientan los rayos de sol a la fachada del Obradoiro. Por no hablar de la Plaza de la Quintana. De veras que eso no se paga. Un rayo de sol en pleno octubre que le rompa la monotonía a mi Galicia. Una foto que tengo en mi recuerdo cada otoño. Y cada otoño es mejor que el anterior. Porque los años pasan y una, como los rayos de sol, va creciendo. Será, será.

Amo el frío y el sol en una intensidad que ni se puede medir. Los chicos que ríen, El Apartamento, Vértigo y La doble vida de Verónica. El cigarro de después de un buen polvo. No saben igual si el polvo no ha sido bueno. Pero amo más compartir cigarro con mi persona especial. La que toque ese día. Lou Reed, Robe Iniesta, Hendrix y el álbum Eat a peach. Soy más de Henry Miller que de Bukowski pero ambos me conquistaron la primera vez que los leí. Siento que me aman tanto como yo a ellos. El punk, el glam, el rockabilly, el puto rock. El de verdad. La compañía que te da un buen libro en una cafetería cualquiera. La cerveza, el gintonic, el whiskey solo. La compañía de los buenos amigos. Las esterillas y los sacos de dormir porque para mí sólo significan una cosa: festivales de música.

Amar, sentir y poder tocar. Tocar mucho y muy bien. Los chicos capaces de expresar sus sentimientos. Las opiniones, unos dedos largos y finos. Brad Pitt, Natalie Portman, el olor de un viejo libro. Closer. Los bares pequeños. La puta zona vieja de Santiago de Compostela. Comer un helado cuando más frío hace. Andrés Calamaro, la primera noche con edredón después de unos cuantos meses entre sábanas. No sé dónde leí que los edredones protegían. Cierto. Los celos, las disputas que terminan a los cinco segundos. Sánchez Dragó, tomar café una vez al mes, las caladas de la pasión. La Cueva. Los planes que se hacen por la noche. Los planes que se cumplen después de haberlos escrito una noche.

Las servilletas llenas de ideas. El horóscopo que miente, Las chicas Gilmore, Twin Peaks y Black Books. Cuando me perdonas. Cuando te beso. Que pongan mi película favorita un día a las tres de la mañana mientras araño paredes. Las historias que cuentan Fiódor y Tolstoi. Mesopotamia. Londres. El primer año de facultad. Amar, otra vez. Las llamadas a las tres de la mañana para decirme te necesito, te echo de menos.

Los cantautores que me encuentro mientras salgo de la rutina del día a día. Madrid. Madrid y Madrid. Madrid con El Prado, con Malasaña, con la Calle Relatores número 22 y la librería Lavapies y San Ginés. El presente, el pulpo, Karma Police. Le mépris. Mis periodistas. Los buenos, los de verdad. Ellos son seres honrados, honestos y nobles. Leopoldo María Panero, la Movida Madrileña. La gente con sus ideas bien puestas. El miedo, la valentía de cuando se tiene miedo. Arrancar carteles de cualquier párking, el Malecón de La Habana. Cuando dices que me quieres ahí, cuando te vas y vuelves. Cuando me retienes. Los abrazos, hacer tortilla para muchos y las cosquillas. Mi póster de John Lennon. Mi libertad e independencia. El incienso, la confianza, el sexo. El puto sexo. Mónica Geller y Chandler Bing. Ir al cine sola y comprar una bolsa grande de golosinas. Escuchar, el olor que se deja la gente especial cuando pasa por mi vida, el libro de poemas que alguien se dejó en mi habitación allá por el año 2006. Amar (te).

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