Candy nunca perderá la cabeza

No. No voy a poner biografías y dejar por escrito lo que sé y dejo de saber sobre Mr. Reed. No aquí. Ya se encargan otros que lo hacen mucho mejor de lo que podría hacerlo yo. Quizá en algún momento, cuando quede lejos, me ponga a escribir sobre Lou Reed.

Reed

Siempre me ha dado miedo hablar sobre esos artistas (periodistas, músicos, actores, médicos) que han significado algo o mucho para mí. Ya ven, menuda gilipollez. Pero, presten atención, ésta es de las grandes. Ponerse triste por la muerte de un músico que ni siquiera supo de qué color era tu ropa interior. Lo sé, no me den latigazos, es una absoluta ridiculez. Será que la vida está llena de cosas absurdas, será que somos absurdos, será que la música es tremendamente importante en mi vida. Casi tanto como los libros. No tengo ni puta idea sobre música. De acuerdo, para qué engañarles, tampoco entiendo de libros y mucho menos de cine pero tengo claro que han formado parte de mi poquito a poco iremos madurando desde que tengo uso de razón. Desconozco el motivo pero como en mi vida hay muchas cosas difíciles de comprender, no me preocupo en exceso.

Cuando tenía diez años escribía sobre almas gemelas, sobre fantasmas en casas ajenas y sobre amores y desamores. Dicen mis padres que aprendí a leer bastante pronto y me recuerdo llenando libretas y libretas con reseñas de libros. Era lo que hacía: escribía y leía (y ni leo todo lo que debo ni escribo como debería). En cuanto entré en la facultad empecé a contactar seriamente con la música. La música de bien porque, esto no lo saben, pero yo era una ingenua. Sólo hablaba con John Lennon, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez y pocos más. Desconocía por completo el abanico de colores que estaba a punto de desplegarse ante mis ojos. Y qué felicidad. Gracias a las buenas compañías, gracias a ese afán de querer saber más y saber de todo, conseguí poco a poco entender que el mundo estaba lleno de jodidos monstruos del rock. Dedos largos y ágiles, voces rotas y desalmadas, movimientos psicodélicos… el mundo estaba lleno de gente que me invitaba a entrar en sus casas. Lo cierto es que más que invitación fue allanamiento de morada. Entré en las casas de los Sex Pistols, Pink Floyd, Television, The Doors, Hendrix, Patti Smith y mil personas más sin ni siquiera llamar. Bueno, somos muchos los que entramos diariamente a cogerles comida de la nevera así que no creo ni que se diesen cuenta. Y un día, así, por casualidad, llegó Velvet Underground a mi vida y nada volvió a ser igual.

Llego la Velvet con su sonido e inundó mi vida con preguntas. Llegó Lou Reed y su alma dolida, llegó con su infancia, con Bowie e Iggy Pop, llegó con sus propios fantasmas. Llegó y aún no se ha ido y, les confieso algo, no se irá.  Y ustedes saben de qué les hablo porque lo han vivido o lo vivirán. ¿Qué harán cuando el maestro que dio el toque que necesitaban en su vida, se vaya? Díganme, ¿qué sucederá entonces? ¿Escucharán su música de la misma manera? ¿Volverán a sentir la magia del ritual que hacemos los nostálgicos al poner un vinilo? Seguro esa magia se intensifique. Debería.

Mr.Reed

Cuando pienso en Lou Reed pienso en momentos grandiosos. No saben hasta qué punto. Lou Reed estaba cuando echaba un polvo, Lou Reed estaba cuando fumábamos el cigarro de después, Lou Reed estaba cuando necesitaba despotricar sobre el mundo, Lou Reed estaba cuando necesitaba respuestas. Ponía Transformer (el primer vinilo que me compré), apagaba las luces de mi habitación y me tumbaba en mi cama. Seguramente ni siquiera pensase algo en concreto pero cuando paraba la música, me sentía mejor. Quería, de nuevo, conquistar un trocito del mundo.

Puede que fuese eso, puede que fuese la música de Lou Reed la que me daba ese empujón. Bueno, y me lo seguirá dando. No vayan a pensar que soy una histérica que tirará todos sus vinilos, todas sus biografías o todos los DVD´s con sus conciertos. Vaya, soy algo problemática (eso me dice un buen amigo) pero no gilipollas.

Cuando pienso en Mr. Reed pienso en madurez pues él me ha acompañado (como otros tantos, aunque él muchísimo más) a lo largo de estos años. Pienso en los comienzos, en lo que era y en lo que soy. E, incluso, en lo que puedo llegar a ser. Lo sé, darle ese poder a una persona muerta que ni siquiera vio como te crecían las tetas no tiene sentido. Verán, como es mi puñetera vida, puedo hacer con ella lo que crea conveniente y necesario sin hacerle daño a nadie. Puedo pensar y sentir como me plazca. Y deberían hacer ustedes lo mismo. A la mierda con esas normas estúpidas. Bueno, no maten a nadie…esas normas, qué quieren que les diga, es conveniente cumplirlas.

Es por todo esto (sólo he sido capaz de expresar el 25% de lo que realmente siento) que tengo que confesar que una pequeña parte de mí no puede evitar sentir tristeza. Esa tristeza de la que, incluso, te avergüenzas. El único funeral y entierro digno que le podía hacer se lo dediqué ayer. Apagué las luces de mi habitación, puse Walk on the wild side y bailé desnuda.

LOUREED

“La pasión –el REALISMO- el realismo era la clave. Los discos eran cartas. Cartas reales escritas por mi a otra gente. Que no tenía y básicamente sigue sin tener música que escuchar, ya sea verbal o instrumental. Uno de los efectos periféricos, típicamente distorsionado, fue lo que mas tarde se conocería como heavy metal. Por supuesto, en realidad era difuso, obtuso, flojo, aburrido y a fin de cuentas vergonzoso. Este disco no es para fiestas/bailar/música de fondo o música romántica. Esto es lo que yo entiendo por rock “real”, sobre cosas “reales”. Nadie que yo conozca lo ha escuchado de principio a fin, incluyéndome a mi mismo. No hay que hacerlo. Empieza por el lugar que quieras. Simetría, precisión atemática, puntería obsesiva y detallada y la enorme ventaja que uno tiene sobre los “compositores electrónicos modernos”. Todo ello sin sentido del tiempo, melodía ni emoción, sea o no manipulada. Es para ocasiones y estados de ánimo muy precisos. Es la única obra grabada que conozco que ha sido hecha en serio de la mejor manera posible como un regalo, si uno puede llamarlo así, de una parte de cierta cabeza para otras. A la mayoría de vosotros no os va a gustar, y no os culpo. No es para vosotros. En el peor de los casos lo he hecho para tener algo que escuchar. Por supuesto se ha entendido mal : el poder de consumir (que degradación) : una idea hecha con respeto, inteligencia, compasión y elegancia, siempre concentrándose en la primera y mas importante de las metas. En ese sentido, extraoficialmente : me encanta y me cautiva. Lo siento, aunque no especialmente, si os da asco. Un disco para nosotros y… Yo albergaba esperanzas de que la inteligencia que antaño habitó en las novelas o las películas ingiriera al rock. Tal vez me equivoqué. Esa es la razón de Sally can´t dance, de Rock’n’Roll Animal… fue un intento mas que decente, pero nos resulta difícil hacerlo mal. Los medios eran incorrectos, sin duda. Esto no está hecho para el mercado. Es como el acuerdo que uno hace con el speed. Un reconocimiento específico. Un mercado, en el mejor de los casos, muy limitado. Rock´n´Roll Animal hace que esto sea posible, curiosamente. La mala representación triunfa hasta el punto de hacer posible la aparición del progenitor. Para aquellos que consideran la aguja como un simple cepillo de dientes. Profesionales, no inhaladores, por favor, no confundáis la superioridad (sin competición) con la violencia, el poder u otras justificaciones. El acuerdo tácito del speed con el yo. Nosotros no empezamos la Primera Guerra Mundial, la Segunda, la Tercera, o la Bahía de Cochinos, en realidad. En cualquier caso, a modo de descargo de responsabilidades, me veo obligado a decir que, debido a la estimulación de varios centros (recuerden OOOHHHMMM, etc.), hay que señalar las posibles contraindicaciones. Un disco debe hacerlo, precisamente. En todo caso, la gente hipertensa, etc… la posibilidad de epilepsia (petite mal), los desórdenes psicomotrices, etc., etc., etc. Una semana mía vale mas que un año vuestro.” Lou Reed

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