Nunca. Quizás. Jamás

Ya no me desordeno pensando en lo que pudo ser y no fue. Ya no me rompo los sesos dibujando diagramas llenos de teorías numéricas. Ya no me comen las entrañas los recuerdos. Nublados ya. Ya no me corren las prisas por llegar a su tren y a sus hombros que tantas veces me cubrieron las espaldas. Ya no me constipo si viene un frente frío que me rompa los esquemas y el sexo. Ya no me mido por sus llamadas ni me mido por sus distancias. Ya no me encojo en mi cama en posición de feto imaginándome a su lado. Ya no me consterna el final que no tuvo punto. Ya no me sirven los quiero y no puedo, los miedos y la ausencia de agallas. Ya no me responden los nudillos contra la pared. Ya no me responden las piernas, ni el temblor. Temblor. Mi despedida siempre será el nunca estaré aquí, ya más, no de la misma manera, no en el mismo camino. Ya tiré las piedras que había coleccionado con los equívocos. Ya no busco respuestas ni formulo preguntas vacías. Ya no me dejo llevar. Ya no pienso en él como un caballero que pudo salvarme y nunca quiso. Ya no se remueven las entrañas en una fiesta de nervios. Ya no veo atisbos de sinceridad en los resquebrajos de las palabras medidas y ambiguas. Hirientes. Ya no cicatrizo las heridas con alcohol. Ya no duelen ni molestan. Heridas. Ya no tengo la llave, nunca la tuve. Ya no pongo las canciones para que se regodeen en los recuerdos. Ya no hay canciones que envalentonen mi alma, tu alma. El alma. Ya no hay valentías. Nunca existió. Ya no consigo marearme al recordarle. Lo intento. Recuerdos. No hay salida. Ya se fue la magia. Siempre será ya nunca quizás tal vez. Menguaron sus ganas, y con ello, las mías. Ya no voy detrás de ninguna tormenta. Ya no me desquicia su ser voluble. Y pienso, acomodada en el sofá después de una noche turbia, que nunca fue. Que ya nunca más. Y ahora me enfrento al miedo de no tener la capacidad de recordarle de la misma manera. Del ya nunca jamás. El miedo de no sentir náuseas al pensarle, ni mareos, ni nostalgias. El miedo de lo que fue la historia más real pasa ante mi como una historia sin final. El miedo de yo lo quise todo y la nada. El vacío corporal que se queda en el alma. Los precipicios que se convierten en llanuras. Ese miedo, de ese miedo les hablo. Del nada es igual, de ese ya no más nunca jamás. Y me rompe el quizás. Pero no. Ya nunca.

Brigitte Bardot en Le Mépris de Godard.

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5 pensamientos en “Nunca. Quizás. Jamás

  1. Dicen que, en escasos meses, todas las células que nos conformaron en un momento dado ya han sido sustituidas por otras nuevas. Somos materia recirculando; constantemente. Sólo tenemos que dejarnos llevar y ya seremos otra cosa…

    ñchs
    bueno…
    quizás exagero
    Pero sí; me he sentido reflejado en tus emociones. Y envidio que seas capaz de ponerlas en palabras.
    Bicos

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